El Bernabéu 14 años después

Era un julio caluroso en Madrid por el año 2006. Una familia con seis integrantes – uno en particular con una admiración directa al Real Madrid – llegaba al mítico estadio Santiago Bernabéu para conocerlo.

Luego de años de haberlo visto por televisión, de haber escuchado historias, de saber que uno de los máximos ídolos de tu país había pisado esa cancha en la gloria…ahora uno estaba ahí mismo, en persona.

Cuatro recuerdos quedaron latentes desde ese entonces. Primero, la majestuosidad y grandeza de la edificación. No habíamos visto nada parecido en nuestro país y era imponente la grandilocuencia con que se asomaba cada pilar del estadio.

Lo segundo que viene a la memoria es sacarnos la foto con las graderías de fondo y las líneas blancas diciendo «Real Madrid», fotografía que quedarían guardadas para poder compartirlas y presumirlas, porque, en esa época, las redes sociales eran otras.

Lo tercero, fue haber encontrado un pedacito de Chile dentro del estadio. De pronto, en el museo y a medida que avanzábamos, reconocimos en un mural la bandera de Chile. Era la presencia de Iván Zamorano, tan recordado y querido por los madridistas, sobre todo en ese hattrick soñado al Barcelona.

Y lo último, pero no menos importante, fue cuando nos ofrecieron quedarnos porque iban a presentar un jugador: era nada más y nada menos que van Nistelrooy. Mi hermano Nicolás, el que más se identificaba con los colores blancos, no podía más de la felicidad.

Hoy, 14 años después, es inevitable que al volver a la casa del Real Madrid no afloren esos recuerdos. Aunque ahora el panorama está casi completamente distinto.

Más allá del contexto de la pandemia, que claramente dificulta gran parte del tour, es ver el estadio en obras, en lo que será una remodelación de lujo tal y como lo merece el ahora nombrado mejor club del siglo XXI.

Si bien poco queda de esa foto de antaño, de adolescente, con el fondo de letras blancas del Real Madrid, lo cierto es que no deja de dar curiosidad sobre qué quedará después de ver la tierra removida al lado de la cancha.

Pero pese a todo, es imposible no sentir el orgullo madridista cuando se entra al museo. Los cánticos de fondo, las imágenes de los mayores ídolos a lo largo de la historia y sobre todo el pasillo donde están todas las Champions, es imposible no contagiarse de la alegría que significa ganar la orejona.

Visto desde el ojo latinoamericano, es inevitable no quedar ajeno al ver el trofeo de la Copa Libertadores presente en el Viejo Continente y en este estadio. Acompañado por las camisetas de Boca Juniors y River Plate con sus respectivas firmas, hace recordar ese episodio tan extraño a nivel americano pero tan dichoso para todos los españoles.

Es difícil imaginar que se pudiera vivir una final de Champions League en un país latinoamericano. Es igual de disparatado, pero un sueño para los que viven en esas tierras.

Un tour, entonces, empapado de recuerdos pero refrescados por otros, con unas ganas de reencontrarse con el Santiago Bernabéu terminado, sin pandemia, con su afición blanca y con la expectativa de que volveré con las gradas llenas y con un equipo orgulloso vistiendo la camiseta del Real Madrid.

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